Causas y síntomas de la parafilia exhibicionismo femenino

Causas y síntomas de la parafilia exhibicionismo femenino.Perdón por tenerlos tantos días olvidados pero es que andaba de viaje y no me era fácil escribir. Ya les he dicho que en los viajes, los clientes quieren “aprovechar” todo el tiempo posible. Pero bueno, ahora estoy muy bronceada y aunque no lo crean también descansé y, claro, también me eché a varios hombres.

Es mi trabajo. En estos días me estaba acordando de una anécdota que les quiero compartir. Alguna vez un cliente me citó en el lobby de un hotel aquí en Bogotá (eso pasa mucho), pero esta vez nos sentamos un largo rato en el bar del hotel pues estaba tocando un pequeño grupo –algo de piano y un saxofonista- y ya.

Oscuras intenciones

El tipo tenía unas intenciones muy raras pero yo le seguí el juego. Nos sentamos en la mesa del último rincón y como la luz estaba tenue y la gente parecía concentrada en el mini concierto, pues nadie se estaba fijando mucho en nosotros. Por debajo de la mesa el tipo me iba cogiendo las piernas y tratando de levantarme la falda lo máximo para introducir los dedos y yo me resistí mucho al comienzo.

En estas situaciones, a veces el trago me ayuda y con un par de whiskies me empiezo a relajar. Y así fue. Al ver que no había riesgo de que nos vieran tan fácil (las mesas que estaban delante nuestro estaban ubicadas hacia el tipo del piano y no hacia nosotros), fui dejando que el tipo me metiera los dedos lentamente.

una mesa, nuestra cómplice

Primero, me tocó por encima de la tanga y luego me dijo que me la bajara hasta las rodillas. Eso hice y ahí sí pudo hacer lo que quería. Yo abrí las piernas lo que más pude (dentro de lo que un sitio como estos lo permite), y me fue tocando e introduciendo el dedo. Todo lo que pasaba por debajo de la mesa, nadie lo imaginaba pues nuestros rostros seguían, aparentemente, interesados en la música. Pero este tipo se fue calentando y sin más, se bajó la cremallera y se sacó el miembro viril.

Un tercero en el juego

La mesa seguía siendo nuestra gran cómplice, me puso la mano ahí y me pidió que lo tocara. Eso hice sin saber si él quería acabar ahí mismo o qué, y cuando yo creía que todo estaba controlado, me di cuenta que desde hacía rato un joven que estaba dos mesas al lado nos estaba viendo. Yo le dije a mi cliente, pero le valió huevo y me dijo que lo siguiera pajeando y él me seguía dando con sus dedos.

Yo no estaba que estallaba porque pensaba que en cualquier momento nos iba a coger más gente…

pero pensé que lo mejor era que se viniera rápido y ya. Pero todavía faltaba.El joven que nos estaba viendo se paró de la mesa y se acercó aún más y más y como si nada se sentó en nuestra mesa (en otra silla por supuesto), y se quedó mirándonos. Y mi cliente, lejos de espantarse, me dijo que siguiera e, incluso, me cogió de la cabeza y me la empujó hacia su cosa.

Me rehusé pues sin preservativo no me atrevo mucho, pero seguí con la mano, y cuando me di cuenta, el cliente me estaba sacando mi busto al aire. El otro tipo seguía perplejo viendo todo pero sin decir una palabra. Pero con una cara de arrecho que no podía. Cuando vio mis pechos le pude ver de inmediato como se le puso de dura como vidrio templado.

De repente, el cliente se cerró la cremallera, me cogió de la mano, me dijo que lo siguiera pero también le hizo un gesto al tipo que estaba viéndonos…

Caminamos hasta el ascensor, lo pidió, entramos los tres, y de una mi cliente me puso de espaldas contra la pared del ascensor, se sacó la verga de nuevo, se puso un preservativo y me embistió como un tigre acechando a su presa, así de pie, y delante del otro que seguía feliz viendo.

Mi angustia seguía porque el ascensor se podía abrir en cualquier momento, pero el cliente mientras me lo clavaba tenía su mano en el botón de “cerrar”. Así, a gatas pero de pie, su miembro erecto entraba y salía, hasta que el joven no se aguantó más, se sacó también su cosa y se comenzó a tocar delante de nosotros.

clientes satisfechos y hasta más…

En menos de un minuto el joven se vino por montones direccionando su magia hacia una pared del ascensor. El cliente se rió y como si nada le dijo que lo entendía, que yo estaba muy buena y que él también se tocaría por mí. Mi cliente no se vino ahí, la faena seguiría en su habitación, los dos solos, ya dejando atrás a ese joven y ese ascensor lleno de secretos. !Esos clientes que me tocan!

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Andrea

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