Más sobre mi y un hombre que superó a la maestra

Más sobre mi y un hombre que superó a la maestra
Más sobre mi y un hombre que superó a la maestra

Más sobre mi y un hombre que superó a la maestra. Me alegro mucho que les haya gustado la canción que les dediqué. Me gusta que les guste porque, como les he dicho, en el fondo, yo soy una mujer normal que también me emociono con esas cosas.

No soy de piedra ni estoy ajena a disfrutar de una buena canción, ni de sentirme triste o alegre. He visto todos sus comentarios. Ayer, domingo, sola en mi apartamento, me puse a mirarlos uno por uno.

Ustedes son una compañia para mi

Me tomo todo el tiempo pues ya saben que los domingos son los días de mayor soledad para mí. Por eso leer los comentarios es una compañía, he visto las canciones que me dedican y los videos también.

Me siento acompañada y es muy importante para mí pues en mi vida real no lo estoy tanto. Unas llamadas esporádicas de amigos de la universidad o de mi familia, pero nada más.

Tengo una muy buena amiga que también trabaja en esto (ya les he hablado de ella), pero vive muy ocupada cumpliendo servicios también y trabajando en esa whiskería donde trabaja.

Alguien me pregunta insistentemente que si lo he hecho con alguien que…

yo conozca y que no sepa que yo soy acompañante. Hace poco estuve a punto de hacerlo con un amigo de la universidad.

Nos quedamos un grupito en un “chuzo” cerca de la universidad y nos pusimos a tomar cerveza. Yo no tomé mucho pero la estaba pasando bien y este tipo tiene algo, es muy inteligente, le gusta leer pero sin ser fantoche, y es muy tranquilo.

Los chicos tímidos también me gustan

Me gusta porque no es el típico hombre que muestra las ganas todo el tiempo sino que se ve como reservado sin que sea tímido y siempre se ha portado bien conmigo.

En el chuzo se podía rumbear y terminamos bailando y entre bobada y bobada, nos fuimos pegando cada vez más, y coqueteando muy sutilmente hasta que nos terminamos dando un beso ahí delante de los demás.

Claro, en el grupito ya estaban encarretados unos con otras y algunos solos, pero bastante ebrios.

Este chico realmente me agradaba…

Nos dimos varios besos y me sentí muy diferente pues me estaba naciendo, ya no estaba trabajando, lo besé porque quise y fue delicioso, hablamos de otras cosas, y me trató como lo que soy: una amiga suya de la universidad.

Ya les he dicho que mucho hombres (no todos) creen que por pagar me pueden tratar mal o groseramente. Eso me ayudó esa tarde, sentirme tranquila, fue muy rico.

La fiestica fue avanzando y cada vez los besos fueron más apasionados y me dijo que nos fuéramos a otra parte, pero él vive con la mamá y yo no quería llevarlo a mi apartamento.

Es curioso: el no tiene que pagar nada para estar conmigo

Le dije que otro día y, quién sabe, puede que pase otro día. La verdad, me atrae, no sé si sea igual a los demás, pero después de esa tarde se ha portado muy bien.

El me llama muy seguido aunque yo debo parecerle muy odiosa pues le saco el cuerpo mucho por mi trabajo aunque a él le doy mil razones distintas obviamente.

Es muy curioso y contradictorio: él no tiene un peso (piensen todos en sus épocas de universitarios y si todavía están en la universidad) y me insiste mucho en invitarme a salir; y yo ando con tipos que pagarían muchísimo por estar conmigo.

Aún así, voy a salir con él. Por qué no. Ustedes mismos me lo dicen, no todo es la plata. Y así quiero tratar de pensar.

Cuantos clientes leen mis historias?

Me preguntan que cuando hablo aquí de mis experiencias que cómo hago para que los clientes no sepan que son ellos. Así lo he asumido.

El que se sienta aludido sabrá que estuvo conmigo, con la mujer que escribe el blog de SOHO. Si narro X o Y situación nunca nombro al cliente, si el cliente lo lee y piensa que es él, él verá cómo lo maneja.

Todos quieren saber quien es Andrea

Nadie tiene por qué saber que es él. Me han preguntado muchas veces que si soy Andrea, la del blog de SOHO, yo siempre lo niego. La dueña de la página donde trabajo me cuenta que a muchas niñas les preguntan lo mismo, que si ellas son Andrea.

Ellas lo niegan, además, porque es cierto: ellas no son Andrea. Pero sí me ha pasado, de hecho sé que he tenido clientes que leen el blog, solo que yo no voy a decir que sí, que soy yo.

Prefiero seguir siendo su mayor curiosidad

Quiero mantener mi anonimato lo que más se pueda. No quiero exponerme a insultos, a persecuciones o a lo que sea. Así que si alguno de ustedes llega a estar con una ac0mpañante y ella dice que es Andrea, no le crean.

Yo soy Andrea y no voy a decírselo a nadie personalmente en un servicio. Me preguntan que si he estado con Daniel Samper, el director de la revista.

La verdad no lo conozco y no sé cuándo lo conozca personalmente. A la revista solo he ido una vez y hablé con otra persona que es a quien le mando los textos por e-mail.

En la revista sé que también me quieren conocer

y pues será pronto por esto de las fotos. A propósito, las mías serán sin photoshop, no me gusta el retoque digital. Como vieron, ya no fue en la edición de octubre. Será en noviembre o diciembre, pero las tendrán, de eso pueden estar seguros.

Para el que firma “El destino”, no quiero ser grosera, pero entiende que no puede exponer mi identidad. Si quieres proponerme un negocio, no sé cómo puedes hacerlo, yo espero, tal vez, tener un correo para responder personalmente las dudas de cada uno.

Por el momento, prefiero hacerlo públicamente. Para los que me dicen que mi blog es una buena columna de temas prohibidos, les agradezco. La verdad no sé quién es Alexa, me da pereza leerla, y pues si voy a leer algo, prefiero que sea de otro tema.

Soy dos personas al mismo tiempo

Me dicen que debería seguir escribiendo. Lo he pensado mucho. Escribir me gusta mucho y me ha ayudado a entenderme a mí misma, a expresar lo que siento y no sé si mi vida siga siendo interesante en caso de que me aleje del negocio.

Lo que sí sé es que vivo en una permanentemente dualidad. Soy una ac0mpañante famosa, pero también una mujer normal.

Es verdad que algunas veces quisiera ser una persona normal todo el tiempo…

Cuando me veo bailando en una pista de baile al lado de otras parejas ajenas a mi mundo, sé que soy normal también, que estoy igual que esas mujeres que sueñan y, por qué no, aman.

Estoy estudiando y creo que tengo el nivel para asumir un buen trabajo diferente a este. Admito que a veces me dan ganas dejarlo todo, otras veces me dan ganas de seguir unos meses.

Hay días en que son críticos porque me da la depre, pero otros días no son tan malos.

El jueves pasado, por ejemplo, tuve un cliente que se portó como más me gusta.

Creo que es de las experiencias que más se acercaron a la perfección de lo que puede ser bueno para mí.

Después de un par de copas de vino en su apartamento, me dijo que me desvist¡era totalmente y que me recostara. El tipo no se había quitado nada. Eso hice, y me acosté boca arriba.

El cogió mis pies con su manos y comenzó a frotarlos lentamente, como masajeando la planta de los pies, y luego dedo por dedo. Después, me comenzó a pasar su boca por mis des0s, con toda la calma.

El juego de los pies

No sé, mujeres, ustedes me dirán, pero eso es de los máximos placeres. Luego se metió casi que todo un pie en la boca o, por lo menos, trataba. Mis pies no son muy grandes, son muy bonitos eso sí.

Jugaba con los cinco dedos en su b0ca. Yo ya estaba bastante exaltada, me parecía mentira que me fuera a explotar sin que me hubiera hecho nada más.

Pero él siguió tomándose su tiempo y fue subiendo por mis muslos, desde los tobillos iba subiendo poco a poco, a veces posaba su rostro sobre mi (/&%$3 pero apenas soplaba sobre ella y se alejaba de nuevo.

Subiendo la temperatura

Después sus besos fueron subiendo hasta mis pech0s, ahí se concentró un buen rato con suavidad. Solo ahí, tocó con delicadeza mi parte, puso su man0 y frotó suavemente.

No dejo que bajen a lo más íntim0 muy seguido, pero esta vez lo permití. Se puso a friccionar con sus labios ahí, y con la lengua subía y bajaba rápidamente. Sobra decir que ya me había estallado dos veces.

El tipo era un expertos en estas artes

Luego se quitó todo, se puso protección. No se puso a introducirl0 rápido sino que hacía movimientos cortos, como si los tuviera entrenados. No tenía afán y por eso se sumergía y salía varias veces haciéndome sentir ansiedad y ganas de explotar de nuevo.

Arriba mío, pasó sus dos manos por debajo y tomó mi derr¡erre, abr¡éndolas al máximo, delicios0. Luego él se sent0 boca arriba y yo enc¡ma.

Ahí, mientras yo hacia lo mio arri¡ba, ingresó un ded0 ya se imaginaran donde. Fue el clímax, estallé de nuevo, estaba mareada pues no sé qué me pasaba pero estaba más sensible de lo normal.

Pero él quería más,

me puso a gatas y de nuevo. Me daba palmadas y me decía que así no se aguantaba, que en esa posición siempre se terminaba rápido y me dijo que se estaba enloqueciendo viéndome así. Y, claro, se vino gritando como un loco y, de paso, haciéndome explotar a mí de nuevo.

Es impresionante, la exagerada sensibilidad que me dejo, no puedo ni t0carme porque es como cuando a una le hacen cosquillas y no puede aguantarse. Como una tortura china. Si todos los clientes fueran así, seguiría en esto toda la vida. Pero no es así.

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